Estimadas familias de 3.º A:

Me gustaría compartir con vosotros una reflexión sobre los comentarios que han surgido en relación con la cantidad de deberes que se están mandando para casa, ya que considero importante aclarar algunos aspectos y que podamos entendernos desde la confianza y la colaboración.

En primer lugar, me gustaría transmitir que, desde mi punto de vista, la percepción de que se están mandando demasiados deberes no se corresponde con la realidad del trabajo que estamos realizando en el aula. Que en determinados momentos los niños tengan dificultades para organizarse o les cueste asumir las tareas no significa necesariamente que la cantidad de deberes sea excesiva. Es importante tener en cuenta que tercero de Primaria supone un cambio de etapa en cuanto al nivel de exigencia, los contenidos y la carga lectiva respecto a primero y segundo. Aumenta progresivamente el nivel de exigencia, los contenidos se amplían y los alumnos deben ir desarrollando una mayor responsabilidad y autonomía. No podemos esperar que la dinámica de los primeros cursos se mantenga exactamente igual, porque las necesidades educativas y las exigencias también cambian. A medida que los niños avanzan, también deben ir adquiriendo progresivamente más autonomía, responsabilidad y hábitos de trabajo y estudio.

Los deberes que mando tienen una finalidad educativa: reforzar los contenidos trabajados en clase, afianzar los aprendizajes y ayudar a que los niños desarrollen una rutina de trabajo. Además, la organización actual del horario y el hecho de que los maestros especialistas y tutores nos repartamos las sesiones hace que no siempre dispongamos del mismo tiempo continuado en el aula que podía haber en otros modelos organizativos. Por ello, considero necesario, en determinados momentos, complementar el trabajo de clase con algunos ejercicios en casa.

Quiero que sepáis que cada decisión que tomo respecto a vuestros hijos está basada en mi criterio profesional y en lo que considero más adecuado para su aprendizaje. Mi intención no es sobrecargarlos ni dificultar la organización familiar, sino ayudarles a avanzar, consolidar lo aprendido y prepararse para las exigencias de los cursos siguientes. Los deberes que mando tienen una finalidad pedagógica clara: reforzar los contenidos trabajados en clase, afianzar los aprendizajes y ayudar a los niños a desarrollar un hábito de trabajo y estudio en casa. De hecho, en muchas ocasiones les dejo tiempo en clase para que puedan adelantar los deberes y así reducir, en la medida de lo posible, el trabajo que tienen que llevarse a casa. Por tanto, las tareas que llevan no responden a una decisión arbitraria ni a la intención de sobrecargarlos, sino a un criterio profesional que busca favorecer su aprendizaje.

También creo que es importante que entendamos que el desarrollo de la responsabilidad y del hábito de estudio forma parte de su aprendizaje. Poco a poco, los niños deben asumir que hay tareas que requieren constancia y esfuerzo, y que no todo el trabajo termina cuando acaba la jornada escolar. Por supuesto, siempre desde una carga razonable y adaptada a su edad.

Estoy abierta a escuchar vuestras inquietudes y a dialogar siempre que sea necesario, pero también necesito que se confíe en mi trabajo y en las decisiones pedagógicas que tomo como docente. Me gustaría que, antes de atribuir las dificultades a la cantidad de deberes, pudiéramos valorar también la importancia de la atención en clase, la autonomía, la organización y la responsabilidad que los niños van desarrollando en esta etapa. Entiendo que cada familia tiene sus circunstancias y estoy dispuesta a escuchar cualquier preocupación razonable. Sin embargo, también considero importante que, antes de concluir que hay demasiados deberes, reitero, valoremos si los niños están aprovechando el tiempo de clase, si trabajan con la atención necesaria y si están adquiriendo la responsabilidad que corresponde a su edad. El objetivo no debe ser que la dificultad recaiga automáticamente en el docente, sino que entre todos identifiquemos qué podemos mejorar para ayudar a los niños a progresar.

Hay algo que me preocupa especialmente: siento que, en lugar de avanzar juntos, podemos estar empezando a distanciarnos. Y creo sinceramente que eso no beneficia a nadie, mucho menos a los niños. Las familias y la tutora debemos ser un equipo, remar en la misma dirección , confiar los unos en los otros y transmitirles un mensaje común. Si queremos que aprendan a ser responsables, constantes y autónomos, necesitamos acompañarlos en ese proceso, no transmitirles la idea de que cualquier esfuerzo o tarea que les cueste realizar es necesariamente excesivo. Cuando trabajamos conjuntamente y confiamos los unos en los otros, ellos también lo perciben y se benefician de ello.

Mi objetivo es exactamente el mismo que el vuestro: que vuestros hijos aprendan, progresen y crezcan tanto académica como personalmente. Estoy aquí para dar lo mejor de mí, y me gustaría sentir que contamos con la confianza y el apoyo mutuos necesarios para conseguirlo.

Os agradezco vuestra comprensión y espero que sigamos trabajando juntos, desde el respeto, la comunicación y la confianza, por el bien de los niños.

Un saludo.